¿Cómo diferenciar el dolor de una Tendinitis y de una Contractura?

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¿QUÉ ES LA TENDINITIS?

Los tendones unen los músculos con los huesos y transmiten al esqueleto los movimientos de la musculatura. La inflamación de un tendón, o tendinitis, aparece cuando los músculos y las articulaciones correspondientes han hecho un sobreesfuerzo.

Síntomas

Los síntomas son el dolor y la incapacidad de movimiento en la articulación situada junto al tendón afectado. Se suele inflamar la zona y las áreas más frecuentemente afectadas son los codos, hombros, pies, tobillos, rodillas, caderas, muñecas y dedos.

Tratamiento

Fisioterapia y osteopatía restauran la capacidad del tendón para funcionar apropiadamente, mejoran la cicatrización y previenen lesiones futuras.

En fitoterapia se aconseja combinar harpagofito (Harpagofito procumbens), un antiinflamatorio vegetal, y Euphorbia, de gran poder anitálgico o analgésico.

En naturopatía se aconseja un régimen pobre en grasas animales y rico en nutrientes antioxidantes (selenio, vitaminas C y E); estos últimos parecen estimular la síntesis del colágeno, principal constituyente de los tendones. Recomiendan beber muchos líquidos y consumir casis “grosellas negras/zarzaparilla” para eliminar las toxinas. A veces también se aconseja tomar complementos a base de ácidos grasos esenciales (AEG) omega 3/omega6.

¿QUÉ ES LA CONTRACTURA MUSCULAR?

Una contractura muscular es, tal y como su nombre indica, una contracción continuada e involuntaria del músculo o algunas de sus fibras que suele ser dolorosa pero no reviste gravedad. La contractura aparece esencialmente cuando se exige al músculo un trabajo superior al que puede realizar, ya sea intenso y puntual como un esfuerzo excesivo o mantenido. Por otra parte, algunas anomalías de la columna vertebral o desequilibrios de la musculatura favorecen que unos grupos musculares estén trabajando constantemente más de lo necesario, lo que les predispone a contracturarse.

Síntomas

Suele aparecer cuando dicho músculo realiza una actividad inapropiada en intensidad o en función El tejido lesionado se repara en pocos días o, en los casos más graves, en dos o tres semanas, desapareciendo el dolor y la dificultad para moverse. En algunos casos se desarrollan adherencias entre tejidos, que en condiciones normales se deslizan con facilidad el uno sobre el otro, y el dolor y la rigidez muscular se prolongan durante más tiempo. Cuando se produce una inflamación, la propia lesión estimula el aporte sanguíneo con el cual el organismo repara el tejido lesionado; esto produce un foco inflamatorio en el que se concentran una serie de células y sustancias sanguíneas que, una vez finalizado el proceso reparador, han de ser reabsorbidas por el flujo circulatorio.

Tipos de Contracturas

Las contracturas pueden aparecer en el momento en el que estamos realizando el ejercicio o después. Las primeras se producen porque hay una acumulación de los metabólicos, que provocan dolor e inflamación, al no haber una suficiente irrigación sanguínea que depure la zona. Las segundas se deben a la fatiga excesiva de las fibras, que al acabar el ejercicio ven disminuida su capacidad de relajación.

Tratamiento

La fisioterapia facilita la recuperación de este tipo de lesiones. Uno de los elementos más útiles en los casos de contracturas son los masajes, ya que facilitan la recuperación de la movilidad y ayudan a aliviar el dolor, disuelven las adherencias y la fricción aumenta el flujo sanguíneo lo que favorece y acelera la reparación de los tejidos. Calor local: suele ser muy útil al conseguir un efecto relajante y analgésico.

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