Conducta suicida

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La conducta suicida incluye el suicidio y el intento de suicidio. Las ideas de suicidio hacen referencia a la existencia de pensamientos y planes de suicidio.

El suicidio suele ser resultado de la interacción de muchos factores, entre los que se incluye la depresión.

Algunos métodos suicidas, como el empleo de armas de fuego, tienen mayor probabilidad de resultar mortales; no obstante, la elección de un método menos infalible no significa de manera necesaria que la intención de suicidio sea menos seria.

Se ha de prestar atención a las amenazas y a las tentativas de suicidio, proporcionando la ayuda y el apoyo adecuados.

Existen líneas directas de teléfono y de correo electrónico disponibles para las personas con ideas suicidas.

La conducta suicida incluye:

Suicidio consumado: acto autolesivo intencionado con resultado de muerte.

Intento de suicidio: acto autolesivo con intención de provocar la muerte, pero que finalmente no resulta mortal. Un intento de suicidio puede dar lugar a lesiones, pero no necesariamente.

La autoagresión no suicida es un acto autolesivo sin intención de provocar la muerte. Entre estos actos se incluyen: infligirse rasguños en los brazos, quemarse a uno mismo con un cigarrillo e ingerir una sobredosis de vitaminas. Una autoagresión no suicida puede ser una manera de reducir la tensión emocional o puede ser una petición de ayuda de las personas que aún desean vivir. Estos actos no deben tomarse a la ligera.

La información relativa a la tasa de suicidios proviene fundamentalmente de los certificados de defunción y de los informes procedentes de las investigaciones judiciales, y es probable que el verdadero índice esté subestimado. Aun así, la conducta suicida es un problema de salud muy frecuente; aparece en ambos sexos y a cualquier edad.

En los Estados Unidos, en 2014 hubo 42 773 suicidios consumados; en este país se produce una muerte por suicidio cada 12,3 minutos. Como causa principal de la muerte, el suicidio ocupa las siguientes posiciones:

Es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 10 a 24 años.

La segunda, entre las personas de 25 a 34 años.

La cuarta, entre las personas de 35 a 64 años.

Y la décima en el conjunto de la población.

La tasa de suicidios más elevada se observa en las personas de 45 a 64 años.

En todos los grupos de edad, el número de hombres que se suicidan supera al de mujeres en una proporción de 4 a 1. Las razones no están claras, pero los siguientes factores pueden estar implicados:

Cuando los hombres tienen problemas, son menos propensos a buscar ayuda, ya sea de familiares o amigos y/o profesionales de la salud.

El abuso de alcohol y el abuso de drogas, que parecen contribuir al comportamiento suicida, son más comunes entre los hombres.

Los hombres son más agresivos y utilizan medios más letales cuando intentan el suicidio.

Cada año, alrededor de 1 millón de personas intentan suicidarse. El número de intentos de suicidio es aproximadamente de 15 a 20 veces mayor que el número de suicidios consumados. Muchas personas hacen repetidos intentos. Sin embargo, sólo entre el 5 y el 10% de las personas que hacen un intento acaban muriendo por suicidio. Las tentativas de suicidio son especialmente frecuentes entre las mujeres adolescentes. Las niñas de 15 a 19 años cometen intentos de suicidio 100 veces más a menudo que los varones del mismo grupo de edad. En todos los grupos de edad, las tentativas son dos o tres veces más frecuentes en las mujeres que en los varones, pero la probabilidad de consumar el suicidio es cuatro veces mayor en varones. Las personas mayores cometen 4 intentos de suicidio por cada suicidio consumado.

La conducta suicida en niños y adolescentes se trata en otra parte de este manual (ver Comportamiento suicida en niños y adolescentes).

El riesgo de consumación de suicidio es mayor entre las personas separadas, divorciadas o viudas. Los índices de tentativa y consumación del suicidio son más elevados entre las personas que viven solas. La existencia de antecedentes suicidas en la familia es también un factor de riesgo incrementado.

Las personas de ascendencia caucásica presentan mayores índices de consumación de suicidio que las personas pertenecientes a otras ascendencias. Las mujeres de ascendencia africana presentan un índice de tentativa de suicidio similar al de las mujeres de ascendencia caucásica, pero el índice de intentos consumados es menor en el caso de las mujeres de ascendencia africana.

El suicidio entre la población que tiene pareja estable es menos frecuente que entre la población soltera o sin pareja estable y también es menos frecuente entre los practicantes de un credo religioso. Sin embargo, personas de todas las razas, credos, niveles de ingresos y niveles educativos mueren por suicidio. No hay un perfil típico del suicida.

Causas

Aproximadamente una de cada seis personas que se suicidan dejan una nota, que suele proporcionar las claves para explicar su conducta.

La conducta suicida suele ser el resultado de la interacción de varios factores. El más frecuente es

Depresión

La depresión está relacionada con más del 50% de las tentativas de suicidio. La presencia de problemas en la relación matrimonial, haber sido arrestado recientemente o tener problemas con la ley, relaciones amorosas difíciles o que concluyen, conflictos con los padres (en el caso de los adolescentes) o la pérdida reciente de un ser querido (sobre todo en la población de edad avanzada), pueden ser algunos de los desencadenantes de la depresión. A menudo un determinado factor o acontecimiento, como la ruptura de una relación personal importante, constituye el acontecimiento que culmina la capacidad de la persona para afrontar circunstancias desagradables. Sin embargo, la depresión puede aparecer “de la nada”, sobre todo si hay antecedentes familiares de un trastorno del estado de ánimo o de suicidio. El riesgo de suicidio es mayor si las personas con depresión también sufren un grado significativo de ansiedad.

Algunas personas que padecen determinadas enfermedades pueden desarrollar una depresión y llevar a cabo tentativas o consumaciones de suicidio. La mayoría de las enfermedades asociadas a un aumento del índice de suicidios afectan de forma directa el sistema nervioso central (como el sida, la esclerosis múltiple o la epilepsia del lóbulo temporal), o bien implican tratamientos que pueden originar depresión (como ciertos fármacos antihipertensores).

En las personas mayores, aproximadamente el 20% de los suicidios puede ser, al menos en parte, una respuesta a trastornos físicos crónicos y dolorosos graves.

Las personas que en su infancia sufrieron experiencias traumáticas, incluido el maltrato, presentan un riesgo más elevado de tentativas de suicidio, tal vez porque las probabilidades de depresión son mayores.

El consumo de alcohol puede agravar un cuadro depresivo, lo que a su vez aumenta el riesgo de que aparezca conducta suicida. El alcohol también disminuye la capacidad de autocontrol. Cerca del 30% de las personas que llevaron a cabo tentativas de suicidio consumieron previamente alcohol. Puesto que el alcoholismo, en particular el consumo de alcohol en grandes cantidades, suele originar sentimientos de remordimiento durante los periodos de abstinencia, los alcohólicos son más propensos al suicidio incluso cuando se encuentran sobrios.

Otros trastornos de la salud mental, además de la depresión, también se asocian a un mayor riesgo de suicidio. Las personas con esquizofrenia u otros trastornos psicóticos pueden sufrir delirios (creencias falsas fijas) con las que les resulte difícil convivir, o bien pueden oír voces (alucinaciones auditivas) que les ordenan matarse. Las personas con trastorno límite de la personalidad o con trastorno de personalidad antisocial, en especial las que presentan un historial de comportamiento violento, tienen también un mayor riesgo de suicidio.

FACTORES DE RIESGO DE SUICIDIO

  • Ascendencia caucásica
  • Hombres
  • Enfermedad dolorosa o incapacitante
  • Persona que vive sola
  • Deudas o pobreza
  • Desempleo
  • Duelo o pérdida de un ser querido
  • Humillación o deshonra
  • Depresión, especialmente si va acompañada de síntomas psicóticos o de ansiedad
  • Mayoría de los otros trastornos mentales graves
  • Tristeza persistente, incluso aunque disminuya la intensidad de otros síntomas depresivos
  • Antecedentes personales de alcoholismo o drogadicción
  • Antecedentes personales de tentativas de suicidio
  • Antecedentes familiares de suicidio o de trastornos mentales
  • Experiencias traumáticas en la infancia, incluyendo abuso físico o sexual
  • Preocupaciones acerca de ideas suicidas y verbalizaciones de las mismas
  • Planes definidos de suicidio
  • Antidepresivos y riesgo de suicidio

El riesgo de tentativa de suicidio es mayor durante el mes previo al inicio del tratamiento antidepresivo y el riesgo de muerte por suicidio no aumenta una vez iniciado dicho tratamiento. Sin embargo, los antidepresivos aumentan ligeramente la frecuencia de pensamientos y conductas suicidas (pero no de consumación del suicidio) en niños, adolescentes y jóvenes. Así que los padres de niños y adolescentes deben ser advertidos de este posible aumento, y los niños y adolescentes deben ser controlados cuidadosamente para detectar la aparición de efectos secundarios como aumento de la ansiedad, inquietud, irritabilidad, ira, o un cambio en la hipomanía (cuando la persona se siente llena de energía y alegre, pero a menudo se irrita con facilidad, se distrae y se muestra inquieta), especialmente en las primeras semanas después de empezar a tomar el medicamento.

Debido a las advertencias efectuadas por los organismos de salud pública acerca de la posible asociación entre uso de antidepresivos e incremento del riesgo de suicidio, la prescripción médica de antidepresivos en la población infantil y juvenil ha disminuido alrededor de un 30%. No obstante, durante este mismo periodo de tiempo, la tasa de suicidio en la población juvenil ha aumentado (por ejemplo, en Estados Unidos el aumento ha sido de un 14%). Por tanto es posible que esas recomendaciones, que disuadieron del empleo de fármacos para el tratamiento de algunos casos de depresión, hayan provocado un efecto contrario al que pretendían, con el resultado de un aumento del número de suicidios consumados en lugar de una disminución.

Cuando se prescriben antidepresivos a las personas con depresión, los médicos toman ciertas precauciones para reducir el riesgo de comportamiento suicida:

  • Prescribir a las personas antidepresivos en cantidades que no causarían la muerte.
  • Programar visitas más frecuentes cuando se inicia el primer tratamiento.
  • Advertir claramente a las personas afectadas y a sus familiares y personas cercanas que estén alerta para detectar cualquier empeoramiento de los síntomas o la aparición de ideación suicida.
  • Dar instrucciones a las personas afectadas y a sus familiares y personas cercanas para que llamen inmediatamente al médico que prescribió el antidepresivo o busquen atención médica si los síntomas empeoran o se producen pensamientos suicidas.

Métodos utilizados para el suicidio

La elección del método de suicidio suele estar influida por factores culturales o por cuestiones de disponibilidad. Además, puede reflejar o no la seriedad de la intención. Algunos métodos (como tirarse desde lo alto de un edificio) hacen que la supervivencia sea casi imposible, mientras que otros (como la sobredosis de fármacos), dejan abierta la posibilidad del rescate. Sin embargo, la elección de un método que no es mortal de necesidad no implica necesariamente que el intento sea menos serio que el que lleva a emplear métodos más mortales.

La sobredosis farmacológica y el envenenamiento son los principales procedimientos empleados en las tentativas de suicido. Los métodos violentos, como el disparo con arma de fuego o el ahorcamiento, son poco frecuentes en las tentativas de suicidio, ya que suelen tener como resultado la muerte de la persona.

Para los suicidios consumados, los hombres utilizan con mayor frecuencia armas de fuego (56%), seguido por ahorcamiento, envenenamiento, salto desde una altura y uso de arma blanca. Las mujeres utilizan con mayor frecuencia el envenenamiento (37%), seguido por armas de fuego, ahorcamiento, salto desde una altura y ahogamiento.

Prevención de la conducta suicida

Aunque algunas tentativas de suicidio o suicidios consumados constituyen golpes inesperados para los familiares y amigos, a menudo los suicidas han mostrado con anterioridad algún tipo de advertencia sobre su intención. Se ha de prestar atención a las amenazas y a las tentativas de suicidio. Si se ignoran, se puede perder una vida.

Si una persona amenaza con suicidarse de forma inminente o ya lo ha intentado con anterioridad, hay que avisar a la policía con el fin de que los servicios de urgencia lleguen lo antes posible. En tanto llega la ayuda, hay que procurar tranquilizar a la persona, hablándole con calma y proporcionándole apoyo.

El médico puede solicitar la hospitalización de una persona que ha manifestado tentativa o amenaza de suicidio. En algunos estados de Estados Unidos el médico puede decidir el internamiento hospitalario en contra de la voluntad de la persona afectada, si cree que esta corre un riesgo elevado de atentar contra su vida o la de otras personas.

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