Para dormir mejor, para que no se caiga el pelo, para rejuvenecer la piel o incluso para «limpiar» el intestino. El mercado de los suplementos alimenticios ha pasado de ser un nicho de farmacia a convertirse en una industria millonaria que invade nuestros supermercados y redes sociales. Pero, ¿realmente funcionan o estamos pagando por promesas vacías?
En un reciente reportaje de El Comidista, el nutricionista Julio Basulto pone bajo la lupa esta tendencia y su veredicto es claro: la mayoría de estos productos solo sirven para vaciar tu bolsillo.
La trampa del marketing y los influencers
La industria de los suplementos ha encontrado su mayor aliado en la ansiedad moderna por la juventud y la salud perfecta. A través de potentes estrategias de marketing y el uso de influencers (que a menudo promocionan estos productos sin base científica a cambio de beneficios económicos), se nos vende la idea de que necesitamos «algo más» que la comida real para estar sanos.
Hemos pasado de las cápsulas tradicionales a formatos más atractivos:
Polvos para añadir al café o bebidas.
Gummies (gominolas) vitamínicas.
Alimentos suplementados (leches con Omega-3, bebidas con colágeno).
El análisis de Julio Basulto: Productos bajo sospecha
En colaboración con Mikel López Iturriaga, Basulto analiza algunos de los productos más populares del mercado actual. El veredicto suele ser el mismo: falta de evidencia científica.
Algunos casos analizados:
Colágeno: Muy popular para la piel y las articulaciones, pero ingerirlo no garantiza que el cuerpo lo use donde nosotros queremos.
Suplementos anticaída: Prometen frenar la pérdida de pelo con fórmulas que, en una dieta equilibrada, ya estarían cubiertas.
Kombuchas y cremas «microbióticas»: Se venden como la salvación de la salud intestinal, cuando a menudo son solo productos con un marketing muy bien diseñado.
¿Son peligrosos?
Más allá del gasto económico, el consumo indiscriminado de suplementos puede tener riesgos. El exceso de ciertas vitaminas o minerales puede ser contraproducente, y lo que es peor, estos productos a menudo sustituyen la solución real: mejorar los hábitos alimentarios. Como bien dice Basulto en sus libros, el secreto no es comer mejor a base de pastillas, sino dejar de comer peor.
¿Qué deberías hacer?
Antes de gastar dinero en el próximo suplemento de moda que veas en Instagram, recuerda:
La ciencia manda: Si un producto promete resultados «mágicos» o rápidos, desconfía.
Consulta a profesionales: No te suplementes por tu cuenta; un análisis de sangre y un médico o nutricionista colegiado deben ser quienes detecten una carencia real.
Prioriza la comida real: Ninguna pastilla sustituye los beneficios de una dieta rica en frutas, verduras y legumbres.







