Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela una cifra esperanzadora y, a la vez, un llamado a la acción: el 40% de los casos de cáncer en el mundo podrían prevenirse. En este 2026, la medicina no solo se enfoca en tratamientos avanzados, sino en atacar los factores de riesgo modificables que están a nuestro alcance.
Los pilares de la prevención
Según la OMS, la reducción de la carga mundial de esta enfermedad depende de acciones concretas sobre hábitos cotidianos. Estos son los factores clave para disminuir el riesgo:
Control del tabaquismo: Sigue siendo la causa prevenible número uno de cáncer a nivel global.
Alimentación y peso saludable: Una dieta rica en frutas y verduras, junto con la reducción del consumo de carnes procesadas y azúcares, es fundamental.
Actividad física regular: El sedentarismo está directamente relacionado con varios tipos de tumores.
Protección frente a infecciones: La vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) y la hepatitis B previene cánceres de cuello uterino e hígado.
La importancia de la detección temprana
Además de los hábitos de vida, la OMS subraya que el diagnóstico en etapas iniciales aumenta drásticamente las tasas de supervivencia. Los programas de tamizaje (como mamografías, citologías y colonoscopias) son herramientas esenciales que salvan vidas diariamente.
La lucha contra el cáncer empieza con la prevención. Adoptar un estilo de vida saludable y acudir a revisiones periódicas no solo es una elección personal, sino una estrategia global para reducir el impacto de esta enfermedad.







