La calidad del semen a nivel global ha mostrado un descenso preocupante en las últimas décadas. Aunque se han barajado causas genéticas y de estilo de vida, una nueva investigación destacada por Univadis pone el foco en un enemigo silencioso: los compuestos orgánicos. Por primera vez, se ha documentado la presencia de sustancias químicas derivadas de la contaminación ambiental y el consumo cotidiano directamente en el fluido seminal.

¿Qué son estos compuestos y dónde están?

El estudio identifica diversos compuestos orgánicos persistentes (COP) y otros químicos de uso industrial que logran atravesar las barreras biológicas del cuerpo masculino. Estos se encuentran comúnmente en:

  • Plásticos y envases: Ftalatos y bisfenol A (BPA).

  • Productos de higiene: Parabenos y fragancias sintéticas.

  • Pesticidas: Residuos presentes en alimentos no lavados o tratados.

  • Contaminación atmosférica: Hidrocarburos derivados de la combustión.

El impacto en la salud reproductiva

La presencia de estos químicos en el semen no es un hecho aislado; tiene consecuencias directas en la funcionalidad de los espermatozoides. Los hallazgos principales sugieren:

  1. Fragmentación del ADN: Estos compuestos pueden causar daños en el material genético del espermatozoide, lo que dificulta la concepción o aumenta el riesgo de abortos espontáneos.

  2. Alteración de la movilidad: Los químicos actúan como «disruptores endocrinos», alterando la energía y la capacidad de nado del esperma.

  3. Estrés Oxidativo: La presencia de orgánicos genera radicales libres que dañan la membrana celular de los gametos masculinos.

¿Cómo llegan estos químicos al sistema reproductor?

El cuerpo humano absorbe estas sustancias a través de la piel, la inhalación o la ingesta. Lo más alarmante del estudio es la capacidad de estos compuestos para superar la barrera hemato-testicular, una protección natural que se creía mucho más infranqueable. Una vez allí, el testículo se convierte en un «almacén» involuntario de toxinas ambientales.

Medidas de prevención: ¿Qué se puede hacer?

Aunque es imposible vivir en un entorno libre de químicos, se pueden tomar medidas para reducir la carga tóxica:

  • Evitar plásticos calientes: No calentar comida en recipientes de plástico que contengan BPA.

  • Filtrar el agua: Reducir la ingesta de microplásticos y metales pesados.

  • Consumo orgánico: Priorizar alimentos libres de pesticidas sintéticos cuando sea posible.

  • Higiene consciente: Optar por productos de cuidado personal «libres de parabenos» y fragancias artificiales.

El descubrimiento de estos compuestos en el semen es una llamada de atención sobre la estrecha relación entre la salud del planeta y nuestra propia capacidad biológica para reproducirnos. La fertilidad masculina es, en muchos sentidos, el «canario en la mina» de la salud ambiental.

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