Vivir con un corazón reparado

0
160

José González se sometió a un doble by-pass coronario en 2004. La rehabilitación cardíaca fue clave para su ‘vuelta a la vida’

enferemdad coronariaA José González el corazón empezó a avisarle en el verano de 2003. Las punzadas en el pecho llegaron en la playa, en mitad de un agosto caluroso y lejos de su casa de Madrid. Pero, como no les hizo caso, a la vuelta de vacaciones se hicieron más insistentes. Así, “hasta que un día, tuve que salir corriendo detrás del perro y vi que me asfixiaba”.

Fue al médico pensando en que sería un problema respiratorio -“no tenía sobrepeso, no fumaba y no pensaba que el corazón pudiese fallarme”- pero el diagnóstico le cayó como un jarro de agua fría:”angina de pecho inestable”.

“Hay un importante estrechamiento de las arterias coronarias. Tenemos que hacerte un cateterismo y colocarte un stent [malla metálica que permite recuperar el flujo sanguíneo]”, dijo el médico, y González palideció. Pero lo peor estaba por llegar. Porque a los seis meses los cardiólogos comprobaron que la estenosis había empeorado y que la única opción era una doble cirugía de by-pass.

“Con una noticia así te entra pavor porque piensas que realmente tu vida está en juego”, señala González, que entonces tenía 55 años y la sensación de que pasase lo que pasase ya no sería el mismo.

El 23 de febrero de 2004 -tiene la fecha siempre presente- “la operación de fontanería” fue un éxito, pero González no aprendió a querer a su renovado corazón hasta que pasó por la unidad de rehabilitación cardiaca.

“Muchos pacientes que han sobrevivido a un infarto o tienen una cardiopatía importante sufren un gran cambio de actitud ante la vida. Temen que sus relaciones personales, sociales y laborales sufran un giro y eso les afecta mucho psicológicamente”, confirma Manuel Abeytua, jefe de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid.

“Después de un infarto suele haber miedo y preguntas como ¿voy a poder hacer una vida normal? ¿recuperaré mi trabajo? ¿puedo morir en cualquier momento?”, coincide Carmen de Pablo, coordinadora de la Unidad de Rehabilitación del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

Participar en un programa de rehabilitación, subrayan ambos especialistas, ayuda a los pacientes a conocer su situación, manejar su enfermedad y retomar su vida sin que esto suponga “volver a lo de antes”.

“Más del 90% de los pacientes pueden volver a su trabajo y llevar una vida completamente normal, pero tienen que hacer ciertos cambios en su vida, como dejar de fumar si lo hacían, comenzar a hacer ejercicio o comer sano”, apunta De Pablo.

Conseguir ese cambio no es tarea fácil; por eso unidades como las de Abeytua y De Pablo tienen un carácter multidisciplinar y abordan la rehabilitación desde múltiples caras y con la colaboración de cardiólogos, médicos rehabilitadores, enfermeros, fisioterapeutas, trabajadores sociales y psicólogos.

A González le resultó especialmente motivador el apoyo psicológico que recibió en el Gregorio Marañón. Tanto las terapias de grupo como las técnicas de relajación “con las que conseguía conciliar el sueño y no darle vueltas a la cabeza”, le ayudaron a cambiar la perspectiva. También lo hizo una frase que tiene grabada a fuego en su memoria: “A partir de ahora, las horas para ti tendrán 50 minutos, porque los otros 10 tendrás que reservártelos”.

Diez años después de la operación, González tiene claro que su problema coronario estuvo en gran parte motivado por una vida sedentaria y con mucho estrés. “No hacía nada de ejercicio. Iba del trabajo a casa y de casa al trabajo, que era muy estresante”, recuerda González, que durante años ejerció tareas de alta responsabilidad en un grupo editorial.

Después de las ocho semanas que duró su rehabilitación cardiaca decidió que había que coger el toro por los cuernos y trazó un plan: primero, incluir la actividad física en sus rutinas diarias. Segundo, cambiar la alimentación. Y, por último, buscar un nuevo trabajo con menos estrés.

Lo consiguió. Hoy, camina a buen ritmo más de una hora al día -con un pulsómetro que le advierte si supera su límite de 129 pulsaciones por minuto-, come sano y, aunque ya está jubilado, pasó sus últimos años profesionales ligado al periodismo pero “sin el agobio de los cierres ni las últimas horas”.

El suyo es un caso de éxito, pero Abeytua y De Pablo reconocen que no siempre es así. “En nuestra unidad constatamos que un 10% abandona (se rehabilitan en torno a 400 pacientes al año), aunque otros estudios en otros centros hablan de cifras muy superiores”, señala De Pablo.

Abeytua cita un ejemplo muy aclarador: “Hicimos una medición y comprobamos que de 66 pacientes tratados que habían abandonado el tabaco, 36, más de un 50%, había recaído al año”.

Según datos de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), hasta el 50% de los pacientes crónicos abandona el tratamiento farmacológico que se le había prescrito de forma voluntaria. En el caso de los hábitos de vida saludables, el porcentaje de abandono es aún mayor.

Las consecuencias de este abandono son graves ya que, tal y como señala Abeytua, está comprobado que “la mortalidad a los cinco años se duplica entre los pacientes que no han abandonado el tabaco. Y hay que recordar que fumar un cigarrillo al día es fumar”.

Causas

De Pablo recuerda que detrás de este abandono puede haber varios factores. Uno de los más poderosos es la falsa sensación de seguridad. “Después del miedo de los primeros momentos, un porcentaje de los pacientes reacciona negando la enfermedad y pensando que el médico exagera y eso lleva a un progresivo abandono de los hábitos adquiridos”, subraya. Por otro lado, también hay que tener en cuenta que para mucha gente supone un gran cambio mental dejar atrás unas costumbres mantenidas durante décadas. “Por eso hacemos tanto hincapié en que la rehabilitación tiene que tener una parte física, pero también indudablemente psicológica”.

González dice que él se ha convertido en “un talibán de la rehabilitación cardiaca” y no sólo por los beneficios que le ha aportado personalmente, sino por “el ahorro que supone para la salud pública”. Coincide con su punto de vista José Zamorano, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. “Está demostrado que tras el paso por una unidad de rehabilitación hay menos eventos post infarto, menos problemas de reincorporación a la vida y mayor autonomía”, apunta.

“En las últimas décadas la cardiología ha conseguido importantes avances y que la mortalidad disminuya muchísimo. Pero también es importante conseguir que el paciente recupere una vida plena”, añade.

En ese sentido De Pablo, recuerda que en nuestro país las unidades de rehabilitación cardiaca “se desarrollaron tarde, poco y mal” -existen desde hace 50 años, pero la primera en España no se fundó hasta finales de los 70-, por lo que reclama más recursos para la rehabilitación y una reorganización de la atención que permita proporcionar esta ayuda también en atención primaria y de forma domiciliaria.

González hace ‘proselitismo’ todos los veranos desde la asociación a la que pertenece, Corazones Unidos por la Salud. En los últimos siete años, esta organización ha recorrido los últimos 100 kilómetros de alguna de las distintas rutas jacobeas (este año el elegido ha sido el camino inglés), demostrando que tener el corazón reparado no cierra puertas. “Es una experiencia muy buena, caminas, cumples el objetivo marcado y además haces turismo cultural”, subraya.

“En realidad, lo que se recomienda a los cardiópatas es un cambio muy similar al que debería hacer todo el mundo”, apunta Abeytua: Menos sofá, más movimiento, y a disfrutar de lo bueno de la vida.

Según el registro CMBD del Ministerio de Sanidad, en 2011 ingresaron en los hospitales públicos españoles 46.994 infartos agudos de miocardio. La Sociedad Española de Cardiología ha hecho un análisis de las tasas de mortalidad por esta causa y estima que se sitúa en el 7,84%, si bien existe una diferencia de más del 50% entre comunidades.

Opinión

“Existen algunas cardiopatías que con un tratamiento quirúrgico se pueden curar, como en una comunicación interauricular o una interventricular, pero existen otras en las que sólo hay una reparación, como en las enfermedades coronarias por ejemplo, en las que se hace un by-pass, pero prosigue la enfermedad de fondo que sería la arteroesclerosis coronaria o en el caso de la artítis reumática en la cual hay cambio de válvulas pero no se cura la enfermedad en sí, sino sólo las complicaciones.

Para evitar estas enfermedades y sus complicaciones deberíamos trabajar en la medicina preventiva como objetivo principal y no sólo en la medicina curativa.

La medicina preventiva primaria es aquella en la que se evita la presencia de la enfermedad, la medicina preventiva secundaria es aquella en la que se ha establecido la enfermedad pero el objetivo es retrasarla lo mejor posible. Por ejemplo si se presenta un infarto de miocardio, deberíamos aplicar la medicina primaria para prevenir un nuevo infarto.

En Estados Unidos por ejemplo, todo el tiempo se ven en los medios de comunicación prevención primaria: cuide su presión, no consuma grasas, baje los niveles colesterol, no fume, haga ejercicios, baje de peso, disminuya el azúcar, etc… pero en Bolivia no se hace esto, los consejos son más de comida chatarra y productos nocivos para la salud.

Dentro de todo esto, están también los factores que se pueden controlar como el cigarrillo, azúcar, grasa, exceso de peso, presión arterial, etc… No obstante existen factores que no se pueden controlar, como la edad y el factor hereditario, los cuales predisponen a la presencia de una enfermedad coronaria y eso no se puede evitar.

Antiguamente la edad promedio para la enfermedad coronaria era a partir de los 55 años pero actualmente en la ciudad de La Paz, tenemos pacientes de hasta de 48 años como consecuencia del cambio de la alimentación, los medios de vida, el sedentarismo, el estrés, etc…

La estadísticas por ejemplo nos indican que a medida que aumenta la edad, aumenta la incidencia de enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial y la diabetes, las cuales van muy relacionadas. Entonces tenemos que tomar consciencia de aplicar prevención primaria antes de padecer estas enfermedades.

Técnicas Quirúrgicas

Para las enfermedades coronarias existen diferentes técnicas quirúrgicas como la angioplastía coronaria que es la cirugía donde se introduce un catéter por el sitio de la estenosis y se infla la bomba para abrir la arteria. Este método si bien es muy bueno, al año existe la posibilidad de que la luz de la arteria se vuelve a cerrar en un 40%. También se utiliza el Stent. Los primeros que se usaron son de acero inoxidable y son más eficaces, por lo que la posibilidad de cierre de la arteria disminuye a un 20%.  Pero actualmente existen los Stent biodegradables, los cuales se van biodegradando sin perjudicar su objetivo. El Sirulimus que es otro tipo de Stent, está bañado en una sustancia radioactiva a dosis mínima y evita el estrechamiento también, sin embargo existe la posibilidad de cierre en un 3%.

Cómo vemos, las técnicas quirúrgicas han ido evolucionando con el paso del tiempo. No obstante si bien son buenas también hay que tomar en cuenta las formas de reacción del cuerpo de cada paciente para el éxito o fracaso.

En Bolivia más que todo en lugares altos, las enfermedades coronarias se están transformando en enfermedades “emergentes”. De acuerdo a mi experiencia en el Hospital hace 30 años atrás, los infartos cardíacos por enfermedades coronarias se daban 10 casos anualmente, pero hoy en día puedo decir que se han  incrementado considerablemente”.

Nos indica el Dr. José Farfán Carrasco, Cardiólogo, zona Miraflores, calle Nicaragua No. 1610 esq. Francisco de Miranda, cel. 71566193.

Fuentes:
elmundo.es
Dr. José Farfán Carrasco

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.