Qué es la fístula anal

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La fístula anal sólo se puede eliminar con cirugía. Lo mejor para prevenir su aparición es tener una buena higiene de la zona anal, llevar una dieta equilibrada que facilite el tránsito intestinal, y evitar el sedentarismo.

¿Qué es una fístula anal?

Una fístula es una conexión anormal (formación de un canal) entre dos partes, que se produce en el interior del cuerpo. Puede formarse entre dos órganos, entre el intestino y otra estructura, entre dos vasos sanguíneos, entre una arteria y una vena, etcétera. En el caso concreto de una fístula anal, se forma un conducto en forma de tubo debajo de la piel que rodea el ano. Consta por tanto de un orificio externo (en la piel del ano) y uno interno (dentro del ano o recto) existiendo comunicación entre ambos, si bien existen trayectos fistulosos complejos que no comunican estos orificios. Suelen ser la consecuencia de un absceso anal evolucionado en la mayoría de los casos.

La fístula anal es una enfermedad relativamente común, sobre todo en adultos, aunque puede presentarse en niños si se asocia a enfermedades inflamatorias intestinales como la enfermedad de Crohn. Aparece más frecuentemente en varones que en mujeres. Su prevalencia se estima en torno al 30%, con un pico de edad en torno a los 40 años.

El cuadro clínico de este trastorno puede ser prácticamente asintomático si se encuentra en alguna zona algo alejada del ano, con molestias leves de tipo picor o escozor, o manifestarse como un dolor agudo, muy intenso y de carácter cortante que se presenta en el momento del paso de las heces por la zona durante la deposición, y que puede llegar a permanecer durante varias horas después de la misma. En ocasiones puede aparecer un ligero sangrado y pequeñas cantidades de pus.

Localización de la fístula

Actualmente se consideran cuatro tipos de fístulas anales:

  • Interesfintéricas: atravesando el esfínter interno
  • Transesfintéricas: atravesando tanto esfínter interno y externo
  • Supraesfintéricas: atravesando por encima del esfínter externo
  • Extraesfintéricas: no atraviesa, sino que la fístula va por fuera del esfínter.

Causas de una fístula anal

En general, una fístula anal puede estar originada por la presencia de algún tipo de herida, una lesión producida durante una cirugía, una infección o una inflamación. La obstrucción de una glándula es la situación que más comúnmente se asocia a la formación de fístulas. La acumulación de cualquier líquido en una cavidad corporal favorece la aparición de infecciones, de modo que si el producto de secreción de las glándulas anales no encuentra una vía de salida es muy probable que las bacterias entéricas (flora bacteriana que se encuentra en el intestino de los individuos sanos) provoquen en poco tiempo una infección. En seguida comenzará a producirse y acumularse pus, formándose un absceso (lesión muy localizada, caracterizada por la acumulación de pus en su interior) que por lo común terminará drenando en algún punto del ano. Esta es la causa en aproximadamente el 80-90% de los casos.

Los abscesos en esta zona pueden formarse también por la infección de una fisura anal (pequeña ruptura en la mucosa que cubre el ano), o una infección transmitida por contacto sexual.

Se ha observado que entre los factores de riesgo, la presencia de ciertos trastornos intestinales como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa predisponen a la aparición de una fístula anal. La enfermedad de Crohn es una patología intestinal inflamatoria, que normalmente se localiza en el intestino, pero que también puede llegar a afectar zonas tan alejadas como la boca y el recto. Al igual que la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria que afecta las regiones del colon y del recto; en este caso, la patología incluye una lesión tipo úlcera.

Otras causas de fístula anal o factores de riesgo son aquellos que favorecen la aparición de abscesos, entre ellos:

  • Radioterapia: como consecuencia de la radiación de los tejidos perianales en tumores prostáticos, pélvicos o rectales.
  • Algunas infecciones, como el linfogranuloma venéreo o la actinomicosis anal.
  • Cáncer anorrectal.
  • Diabetes.
  • Sexo anal y algunos traumatismos en dicha zona, así como los cuerpos extraños anales.
  • Un sistema inmunitario debilitado.

Síntomas de una fístula anal

Los síntomas más frecuentes por los que una persona con fístula anal consulta al médico son el dolor en la zona del ano y la presencia de pus o drenaje de alguna secreción maloliente.

En muchas ocasiones estos individuos han consultado previamente por infecciones de la zona o verdaderos abscesos. O han presentado dolor y secreción de pus durante un tiempo largo, pero no han consultado porque los síntomas eran intermitentes o por pudor.

El dolor es variable en intensidad, pudiendo acentuarse al defecar, al sentarse, o en otras ocasiones al toser o estornudar por el aumento de presión que generan estas situaciones. Como diferencia de otras patologías de esta región, el dolor generado por abscesos o fisuras suele ser más intenso, a parte de presentar un bulto rojo y duro en el caso de los abscesos.

Se pueden apreciar los orificios externos de la fístula, a veces varios, por donde expulsa contenido purulento, maloliente, a veces incluso fecaloideo (vómito de material fecal). Esta secreción habitualmente es causante de irritación de la piel perianal, presentando picor, escozor y enrojecimiento de la zona.

Cuando el médico explora digitalmente la zona anal y rectal puede identificar qué tipo de fístula es atendiendo a la clasificación descrita al inicio (Interesfintéricas, transesfintéricas, supraesfintéricas, extraesfintéricas), en función de la relación con el esfínter externo e interno, así como estimar la longitud y complejidad del trayecto fistuloso.

Tratamiento de una fístula anal

El único tratamiento de la fístula anal eficaz para aquellos pacientes que la sufren es la intervención quirúrgica. Mediante este procedimiento se pretende eliminar de forma definitiva la fístula y corregir las alteraciones que hayan podido aparecer como consecuencia de la misma, sin comprometer la continencia anal. La desaparición de la fístula implica la desaparición de las molestias dolorosas asociadas, la inflamación, supuración…

En función del tipo de fístula, su trayecto, profundidad, etcétera, podrán realizarse distintos tipos de intervención.

Fistulotomía: consiste en la apertura y vaciamiento del trayecto fistuloso tratando además de asegurar una cicatrización lo más eficiente y rápida posible.

Fistulectomía: este procedimiento implica la extirpación completa del trayecto fistuloso. El inconveniente respecto a la técnica anterior es que da lugar a heridas de mayor tamaño y, por tanto, la cicatrización es más lenta y costosa.

Sedal o seton: existen tres variantes de esta técnica en función del objetivo de la intervención.

Seton cortante: el objetivo de esta modalidad es la eliminación de la fístula. Se realiza pasando a través de la misma una seda quirúrgica que se aprieta paulatinamente para que la seda seccione el esfínter pero a la vez este tenga suficiente tiempo como para ir cicatrizando.

Seton de drenaje: se realiza para drenar el pus o detritus de la fístula; de este modo se evitará la formación de un nuevo absceso. Esta seda será colocada a través de la fístula, y una vez completado el proceso de drenaje permite la reparación quirúrgica ya en ausencia de infección.

Seton guía: se coloca de la misma manera que la anterior. Su función es la de mantener permeable el trayecto fistuloso hasta que el paciente pueda ser intervenido de forma definitiva. Este método suele emplearse en pacientes con abscesos perianales de repetición, en los cuales no puede identificarse el punto donde se encontraba el absceso, puesto que no queda secuela del trayecto fistuloso.

En el caso de las fístulas anales relacionadas con la enfermedad de Crohn el abordaje inicial no es la cirugía, sino el manejo con antibióticos del tipo metronidazol, para evitar el quirófano, así como reforzar el tratamiento sistémico de la enfermedad con inmunosupresores tipo azatioprina o agentes biológicos como adalimumab o infliximab. Se recurre a las técnicas descritas anteriormente si estos fracasan.

Para alivio del dolor previo y posterior a la intervención serán útiles los analgésicos y antiinflamatorios comunes, y es importante conseguir una defecación no dolorosa mediante una correcta hidratación y un aporte adecuado de fibra a la dieta.

Complicaciones en el tratamiento de la fístula anal

A la hora de aplicar un seton, es muy importante identificar correctamente el trayecto de la fístula, puesto que la mayoría de las recurrencias suceden porque se ha realizado una exploración inadecuada y, al aplicar el seton, este se extrae por un falso orificio de salida. Esto supondrá que la seda no cubre toda la longitud del canal y, por tanto, el trayecto no será completamente eliminado.

Como todas las intervenciones quirúrgicas, la operación destinada a eliminar las fístulas anales presenta ciertos riesgos, los más comunes son el sangrado e infección de la herida quirúrgica, flebitis (inflamación de la pared de una vena), retención aguda de orina, inflamación del ano, y dolor prolongado tras la intervención.

Otra de las complicaciones es la recurrencia de la fístula tras la cirugía, que es algo más frecuente en casos de cirugías conservadoras o un mal diagnóstico del trayecto de la fístula. Se requerirá nuevamente de intervención quirúrgica algo más compleja.

Raramente se dan complicaciones mayores, solo en ciertas ocasiones pueden ocurrir infecciones importantes en ano o periné, estenosis de ano (estrechamiento de la luz del ano) o incontinencia de gases o heces. En algunos hospitales presentan cifras muy variables (10-40%) de incontinencia anal tras cirugías de fístulas, puesto que depende del tipo, las enfermedades previas, y el tipo de técnica empleada.

Fuente: webconsultas.com

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Rómulo Calvo Bravo

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