¿Miedo a enseñar tus brazos?

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Será el momento de la manga corta y los tirantes, lo cual implica enseñar brazos… ¿No están en plena forma? ¿Sufres lo que se ha dado en llamar ‘alas de murciélago’?

El problema de la flacidez en los brazos es algo que, lamentablemente, nos acecha si hemos superado los 30 años. Esto se produce por dos cuestiones puntuales: acumulación de grasa subcutánea y también el deterioro de la piel. Y es que esas ‘alas de murciélago’ o el efecto péndulo del brazo delatan la pérdida de firmeza, que se manifiesta en primer término junto a la axila y evoluciona a toda la zona. Según explican especialistas, este descolgamiento, que está determinado por la predisposición genética, las oscilaciones bruscas de peso, la constitución de la silueta y el envejecimiento, es un problema estructural que acaba afectando a la piel. Es ahí cuando la llamada ‘prueba del salero’ -por el movimiento- delata la edad.

Por eso, vamos a ayudarte con un plan de acción para que, con la llegada del buen tiempo, puedas presumir de brazos ¡sin miedo! Tal y como nos explican, los ejercicios se convierten en un pilar básico para tonificarlos, pero además hay soluciones médico-estéticas. A ello hay que sumar la alimentación para esta zona. ¡Toma nota!

Alimentación sana

El denominador común en cualquier intento de mejorar el aspecto de nuestro cuerpo es una dieta equilibrada y un plan para eliminar esos kilos de más, evitando siempre los cambios bruscos de peso. Además, es bueno nutrir la piel con aminoácidos: están presentes en las proteínas (carnes, pescados, aves, legumbres, lácteos, huevos) y son los “ladrillos” sobre los que se fabrican las fibras de la dermis.

En forma

Según expertos “la piel de la zona de los brazos es también muy delicada. Para cuidarla y evitar que se caiga, yo recomiendo ir al gimnasio para fortalecer esa zona, durante 365 días al año. Sin duda, los deportes como natación y voleibol, nos ayudarán a ejercitar la musculatura de esas extremidades, mermando notablemente la flacidez”.

Eso sí, nada de pesas. Casi la totalidad de los aparatos de los gimnasios están diseñados para el trabajo fisicoculturista de modelación y con ellos sólo conseguirás ganar en volumen. Realiza ejercicios utilizando sólo el peso de tu cuerpo y trata de hacer la mayor cantidad posible de repeticiones en muy poco tiempo:

-Flexiones invertidas: Coloca dos sillas respaldadas en la pared separándolas 60 cm. Siéntate entre las sillas (en el aire), apoyando cada mano en el borde de los asientos con los dedos hacia delante. Con las piernas al frente semiflexionadas y apoyando sólo los talones, baja y sube el torso perpendicular al suelo sin levantar las caderas.

-Flexión de brazos: Inclina el cuerpo a 90º de manera que la espalda quede paralela al suelo. Levanta los codos más arriba que la espalda con los puños bajo los hombros. Extiende los brazos hacia atrás, sin bajar los codos, y llevando los puños bien arriba. En esa posición contrae fuerte los músculos posteriores de los brazos. Luego baja sólo los antebrazos y repite.

-Ejercicio del “esquiador”: Colócate en plano inclinado a 45º entre dos sillas que tengan los respaldos colocados contra la pared. Apoya las palmas de las manos en los asientos manteniendo el cuerpo recto y los brazos extendidos. Flexiona los brazos llevando los codos hacia atrás (no hacia los lados) y desciende todo lo que puedas pero sin levantar las caderas.

Tratamientos médico-estéticos

Existen multitud de tratamientos estéticos pensados para combatir la flacidez en los tríceps. Uno de ellos son aquellos que hacen uso de los ‘hilos tensores’, ya que, además de corregir la caída, estimulan la producción de colágeno. En las Clínicas se trata de un procedimiento corto que dura entre 30 y 60 minutos y que consigue unos resultados más que visibles sin necesidad de pasar por quirófano. De este modo el paciente se puede incorporar a su vida normal de inmediato. Sus efectos duran entre uno y dos años y, por supuesto, estos hilos son imperceptibles, tanto a la vista, como al tacto. Son unos hilos finos que se implantan a nivel de la dermis para conseguir un efecto lifting sin cirugía. Una vez implantados producen un doble efecto: por un lado, generan una fibrosis tensora en los tejidos circundantes y, por otro, inducen la génesis de colágeno y elastina, proteínas que mantienen unidos los tejidos y que, por tanto, son responsables de la tersura y firmeza de la piel. Están indicados para reafirmar zonas que presentan flacidez leve o moderada, como por ejemplo los tríceps, que con van perdiendo elasticidad con la edad. Una vez colocados, éstos se tensan de forma mecánica y la piel donde se aplica el tratamiento se redensifica. Un procedimiento que puede retrasar la caída del tejido y hacer que la piel se vea más firme y permanezca más tiempo estática.

Antes de someterse a una reestructuración del brazo, como la clásica braquioplastia, que es una solución para casos de flacidez avanzada, es partidario de un retoque previo, mucho más discreto, que consiste en estirar la piel aflojada, tras eliminar la porción de tejido excedente y/o grasa localizada, que se atisba de forma incipiente bajo el brazo, en su tercio superior. La pequeña cicatriz se oculta bajo la axila. “La clave del éxito radica en tratar el problema en el momento en que comienzan a revelarse los primeros signos de flacidez. De este modo, el resultado será más natural y la cicatriz, menos visible”. Explican.

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