¿Más que una condición motora? La enfermedad de párkinson desde una aspecto bioquímico

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La enfermedad del Parkinson (EP) es uno de los trastornos neurodegenerativos más comunes, caracterizado por sus manifestaciones clínicas motoras y no motoras. Esta patología es causada por la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, dando paso a los síntomas típicos como bradicinesia, rigidez muscular, temblores en estado de reposo, inestabilidad de la postura, depresión, ansiedad, demencia, etc (1). Sin embargo, aunque esta condición presenta cierta prevalencia en adultos mayores de edad, esta ha sido un tanto estigmatizada por el público en los últimos años, ya que, gran parte del público general sólo atribuye a esta enfermedad los síntomas que se manifiestan, pero no las alteraciones bioquímicas que son uno de los factores más relevantes del cuadro clínico de un paciente con EP. Por lo que es necesario concientizar a la población acerca de los procesos moleculares que dan a lugar la presente problemática, para tener una mejor comprensión de esta y brindar el conocimiento suficiente para su desestigmatización.

Al momento de indicar que un paciente padece de esta condición es necesario evaluar diversos criterios, tanto como los síntomas que presenta, el historial médico del paciente (incluyendo sus antecedentes médicos familiares) y el desarrollo de un examen físico completo para descartar demás enfermedades neurodegenerativas que tengan posibilidad de ser confundidas con EP dada la similaridad entre los síntomas que presenta y, por último, observando las características comunes y específicas de la EP mencionadas anteriormente. Aun así, es importante mencionar que, donde radica la mayor parte del mayor reto al determinar la presencia de EP, puesto que, las consecuencias que se observan respecto a la capacidad motora raramente se presentan antes de que exista una pérdida significativa de las neuronas dopaminérgicas, por lo que es necesario el estudio molecular de esta pérdida progresiva para también ayudar a la detección rápida y adecuada de esta enfermedad.

Los procesos bioquímicos detrás de dichas pérdidas de dopamina son multifactoriales, puesto que en ellos intervienen tanto factores genéticos como ambientales. Los mecanismos más destacados e involucrados en el desarrollo de EP incluyen la acumulación de agregados de

proteínas mal plegadas, falla de las vías de exclusión de proteínas, daño mitocondrial, estrés oxidativo, excitotoxicidad, neuroinflamación y mutaciones genéticas (2).

Principalmente, la pérdida de estas neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra pars compacta del cerebro medio, en algunos casos de EP, se distingue por alteraciones genéticas, como en el gen de Parkin, en la alfa-sinucleína y en componentes del sistema del proteasoma (3). El causantes más común, alfa-sinucleína, es dado por un acumulado de esta proteína, los cuerpos de Lewy. Esta proteína fue denominada como la principal constituyente de la patogénesis de EP, debido a su rol fisiológico en las terminales presinápticas del sistema nervioso. Esta se encuentra en el gen SNCA, el primer gen descubierto por causar EP, en el cual, a-sinucleína presenta repeticiones imperfectas de una región amino-terminal, una región central hidrofóbica y una región carboxilo terminal negativa (4). Estas mutaciones causan una ganancia de función tóxica e indican un aumento de los marcadores de estrés oxidativo en proteínas, lípidos y ADN. Por otro lado, como fue mencionado anteriormente, demás alteraciones moleculares conllevan a la pérdida de dopamina, ya que, el acumulado de los cuerpos de Lewy no están presentes en todos los casos de EP, puesto que, este factor está ausente en las secuencias PINK1 y LRRK2, los cuales son genes portadores de la mutación del parkinson (4).

En estudios recientes, se indicó por igual un daño oxidativo, comprobado por el estudio de marcadores bioquímicos, el cual fue provocado por los mecanismos anteriores. A partir de estos indicadores, se han encontrado de con frecuencia en los pacientes con EP un declive en los niveles del antioxidante glutatión, debido a su sobreutilización en las reacciones de estrés oxidativo, lo que que podría tener una gran participación en la degeneración nigra de todos los desórdenes con deficiencia de dopamina nigroestriatal (5). De misma forma, el detrimento del cuerpo estriado causado por la deficiencia de este neurotransmisor incrementa la acción de la cara interna del lóbulo frontal, la porción pars reticulata de la sustancia negra y la alteración del neurotransmisor, ácido gamma amino-butírico (GABA). Esto es lo que da lugar a la reducción de la facultad que posee el tálamo para activar la corteza final, lo que produce la mitigación de la capacidad motora del cuerpo originando los síntomas motores característicos (5).

La complejidad que representan estos factores bioquímicos de la enfermedad del Parkinson, tanto de las mutaciones genéticas como de la alteración de a-sinucleína, son las causas de que no se hayan podido abordar métodos de prevención y tratamiento del desarrollo de EP, por la falta de información y comunicación acerca de estos mecanismos de acción, lo que limita a fin de cuentas, una detección rápida, un tratamiento adecuado y, a la vez, una cognición apropiada por parte de los afectados y los no afectados.

Como ejemplo, en la actualidad, la percepción de esta enfermedad en la República Dominicana es limitada, lo que solo logra entorpecer más el acceso general de la población de un buen servicio sanitario y a la adquisición de información para su detección. Por lo que, tomando en cuenta los efectos de la EP, tanto del tipo motor como no motor en el estilo de vida de los pacientes que la padecen, al igual que impacta la vida de sus familiares, sus cuidadores y el personal médico que los atiende, se considera que es relevante que la población conozca los procesos químicos y biológicos que participan en el desarrollo de la enfermedad.

En resumen, la EP se identifica como una enfermedad neurodegenerativa crónica y progresiva, cuyas características genéticas son en general singulares, pero de gran importancia para una mejor comprensión tanto fisiopatológico como bioquímico, con el motivo de causar conciencia en el público acerca de esta problemática. Esta finalidad de concientizar es dada a la gran preocupación por parte de la comunidad científica, ya que, en el 2016 se estimó que 6.1 millones de personas padecen de esta enfermedad, con una prevalencia de 1.7 % en mayores de 80 años y además, se estima que para el 2040 habrá alrededor de 17 millones de afectados (6).

Por ende, se detallaron las causantes bioquímicas con el fin de dar a conocer al lector acerca de la complejidad que representa este tipo de padecimiento y así dejar atrás el paradigma que existe respecto a la enfermedad de Parkinson en nuestra sociedad, lo que contribuiría, en conjunto con el correcto desarrollo del proceso de diagnóstico y de tratamiento, a reducir las alteraciones y los diagnósticos tardíos e inadecuados. Puesto que, esta interpretación nos permitirá ser capaces de identificar los factores bioquímicos existentes detrás de la enfermedad de Parkinson. Por último, al conocer los aspectos de esta condición la población sería capaz de, a la vez, tener una mejor percepción al respecto de lo que verdaderamente es esta enfermedad, sobre todo logrando ser capaces de entender que el parkinson no es simplemente una condición que causa “temblores” o “mala postura”, como muchas personas consideran, sino que es una condición de alta complejidad que requiere de suma atención.

diariosalud.do

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