Enfermedades anorectales más frecuentes

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Ante la aparición de cualquier sangrado asociado a nuestras deposiciones (lo que en medicina denominamos rectorragia) siempre hemos de acudir a nuestro médico de referencia. Afortunadamente, en la inmensa mayoría de las ocasiones, el motivo de este sangrado suele ser benigno, y estar determinado por alguna de las siguientes entidades: hemorroides, fisura o fístula. Vamos a conocerlas un poco mejor.

Hemorroides, ¿Qué son?

Simples dilataciones de los plexos venosos que normalmente encontramos justo por debajo de la mucosa que tapiza la parte más distal del recto (la más cercana al ano), y el propio conducto anal.

¿Existen diferentes tipos de hemorroides?

Según su localización podemos hablar de hemorroides internas, que son aquéllas generadas por las venas localizadas por encima de la línea dentada del canal anal. Y las hemorroides externas, que proceden de la dilatación de las venas que quedan por debajo de dicha línea.

En función de si se quedan dentro del canal anal, o bien salen hacia el exterior, las hemorroides internas pueden ser de grado I, si únicamente sangran, pero no salen al exterior. Las de grado II saldrían (prolapsarían, en terminología médica) con el esfuerzo de la defecación, pero volverían a entrar fácilmente al conducto anal; las de grado III son aquéllas que saldrían fácilmente, y para volver a introducirlas deberíamos ayudarnos de nuestras (u otras) manos. Y las de grado IV son aquéllas que ya se quedan externalizadas en todo momento.

¿Qué síntomas suelen dar las herroides?

Si protuyen, evidentemente, veremos y/o palparemos un pequeño bultito, que no será más que la hemorroide en cuestión.

Si la propia hemorroide irrita la mucosa que tiene por encima, podría aparecer, con la deposición, además de la típica sangre roja, fresca, que mancha el papel, ciertos restos de mucosidad y/o pus. Afortunadamente, no es esto lo más frecuente.

Como hemos dicho, lo que caracteriza a este cuadro es la presencia de sangre roja, fresca, en forma de gotitas, o bien, incluso, como un pequeño chorro. No se encuentra mezclada con las heces, y al limpiarnos tras la evacuación, mancha el papel de forma llamativa.

Puede presentarse, aunque no es lo más común, cierto prurito (picor) en la región anal.

¿Cuál es el tratamiento más adecuado?

Fundamentalmente, conseguir tener unas deposiciones regulares, fácilmente expulsables, puesto que el estreñimiento suele agravar las molestias generadas por esta entidad. Así, algunas medidas eficaces pueden ser beber abundante líquido durante todo el día, consumir alimentos ricos en fibra, y realizar ejercicio físico diario. Todo ello, de cara a conseguir un hábito intestinal cómodo.

La utilización de cremas con corticoides o anestésicos locales, si bien pueden resultar muy beneficiosas, comportan ciertos riesgos (como la posibilidad de atrofia de la piel de la región), que han de hacernos limitar su utilización a pocos días.

Los laxantes medicamentosos también pueden tener un papel fundamental en nuestro tratamiento. Pero no deberíamos utilizarlos si no es bajo supervisión médica.

Y, finalmente, si todo falla, o en casos de hemorroides internas de grado II-III ó IV, la cirugía puede resultar la solución final.

Fisuras anales, ¿Qué son?

Cualquier desgarro o laceración que se produce en el área de salida del tubo digestivo (región que rodea el esfínter anal).

Este desgarro suele ser producto de la lesión que producen, sobre la mucosa de la zona, unas heces duras y/o de gran tamaño.

¿Qué síntomas suelen dar?

En especial, dos:

Dolor, que suele aparecer durante la defecación, y que los que las sufren lo describen como un desgarro (lacerante) muy intenso. Suele mantenerse varios minutos tras la deposición. Posteriormente, va mejorando hasta desaparecer parcial o totalmente.

Rectorragia (salida de sangre por el ano), en forma de sangre roja, fresca, a veces a chorro, pero generalmente, de escasa cuantía, y que mancha el papel higiénico. En definitiva, no muy diferente de la que suele aparecer asociada a las hemorroides. Esta rectorragia aparece con la defecación, al pasar las heces a través de una zona herida, como veíamos antes.

Pueden aparecer también otros síntomas, como el escozor, la presencia, mezclada con las heces, de una especie de mucosidad, o bien un pegote de pus, entre otros. Pero los dos citados pasan por ser los síntomas más frecuentes.

¿Cuál es el tratamiento más adecuado?

Es importante indicar que hasta un 50% curan espontáneamente, sin dejar ningún tipo de secuela, y sin necesidad de tratamiento alguno.

De todas formas, si padecemos una fisura anal, no está de más aumentar nuestra ingesta de fibra dietética, utilizar laxantes formadores de masa… Debemos evitar determinados alimentos irritantes para la mucosa de la región, como son el café, el alcohol, las salsas…

Conviene que, quien padece de fisura anal, relaje su esfínter anal. Hemos de pensar que el espasmo, que suele ser secundario al dolor que nota la persona, agrava aún más la isquemia (falta de llegada de sangre a los tejidos a regenerar), y dificulta la curación de la fisura. De ahí que resulten convenientes los baños de asiento con agua tibia/caliente.

En el mismo sentido, determinados relajantes musculares medicamentosos pueden tener su aplicación en este cuadro. Y también algunas técnicas de relajación pueden ayudarnos a sobrellevar mejor las molestias. Eso sí: conviene ser constantes en su práctica.

Respecto a la medicación a utilizar, en algunos casos pueden resultar eficaces ciertas pomadas de corticoides o anestésicos. Debemos, eso sí, limitar la utilización de estos preparados a la menor duración posible, toda vez que la cortisona, por ejemplo, provoca atrofia con el paso de los días.

Otras pomadas a base de nitratos (nitroglicerina al 0’2% o dinitrato de isosorbide al 1%), o bien, de diltiazem o nifedipino, deben ser formuladas en las farmacias de referencia. Y nunca deberíamos aplicarlas sin la supervisión de un médico, debido a los importantes y severos efectos secundarios que puede presentar su uso indiscriminado y poco cuidadoso.

–          ¿Qué hay de la toxina botulínica?

Pese a que, al menos en teoría, podría resultar especialmente interesante su uso, dada la contracción intensiva del esfínter anal que desencadena todo el cuadro, lo cierto es que, a día de hoy, la toxina botulínica está siendo poco utilizada en este contexto.

–          Y si todo falla… La cirugía

De hecho, la única terapia eficaz 100% es la cirugía. La técnica utilizada persigue disminuir la potencia del esfínter anal, mediante una sección del mismo. Esto permite que la llegada del riego sanguíneo sea mayor, y por tanto, la capacidad para regenerar la mucosa “herida” también se recupere. Sin embargo, no está exenta de efectos secundarios molestos (hasta en un 8% de los casos acaba ocasionando incontinencia fecal).

Fístulas anales, ¿Qué son?

Se trata de infecciones crónicas que aparecen en la mucosa, o submucosa, que tapizan el conducto anorectal. Estas infecciones acaban formando abscesos. Y estos abscesos “buscan” un drenaje, una salida hacia el exterior, generando la formación de verdaderos “túneles”.  Por tanto, la base de toda fístula es el absceso inicial.

¿Existen diferentes tipos de fístulas anales?

La clasificación más extendida en este sentido es la de Parks, que divide el conjunto de las fístulas anales en:

–          Interesfinterianas: Cuando el absceso atraviesa el esfínter interno en su drenaje desde la luz del conducto anal hasta la piel. Constituyen un 70% del total.

–          Transesfinterianas: Cuando atraviesa esfínter interno y externo en el trayecto de drenaje. Representan un 24% del total de fístulas.

–          Supraesfinterianas (5% del total): En su drenaje hacia el exterior, pasa por encima de la zona que ocupan ambos esfínteres.

–          Extraesfinteriana (1% del total): Se originan más profundamente que el resto, y acaban atravesando todas las estructuras esfinterianas y musculares en su camino hacia el exterior.

¿Qué síntomas suelen dar?

Fundamentalmente, la propia salida del contenido del absceso, cuando la fístula consigue drenar al exterior. Este material puede ser purulento (de hecho, es lo más frecuente al inicio de tal drenaje), para pasar, más adelante, a ser francamente hemático (sangre). Puede haber algo de prurito (picor). Y la piel por donde drena este material, evidentemente, puede irritarse. El dolor sólo suele aparecer si algo “tapona” este drenaje, y hace que se acumule supuración antes de salir al exterior. La fiebre también podría aparecer en ese caso.

¿Cuál es el tratamiento más adecuado?

Igual que sucedía en el caso de las hemorroides, existen una serie de medidas higiénicodietéticas que pretenden disminuir las molestias producidas por un absceso anal, o su eventual fistulización hacia el exterior. Todas estas medidas, que se agrupan bajo el Acrónimo “Pauta SANA”, no son más que:

–          S: Suplementos de fibra

–          A: Agua templada o caliente

–          N: de aNalgesia

–          A: de Ablandador de heces: Los laxantes utilizados habitualmente a tal efecto.

Sí que es verdad, al menos en el caso de las fístulas, que todo pasa por la cirugía, si pretendemos acabar con el problema.

No queremos acabar este artículo sin añadir que cualquier rectorragia, cualquier sangrado que aparezca a través de nuestro ano, es motivo de consulta más o menos pronta con nuestro médico de referencia (y confianza). Existen ciertas entidades, que suelen caracterizarse, como modo de aparición, por un episodio de rectorragia, y cuya importancia y trascendencia es vital para la persona. Nos estamos refiriendo, evidentemente, a las tumoraciones del colon y a las enfermedades inflamatorias crónicas del intestino (Enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Afortunadamente, como comentábamos, no son entidades tan frecuentes como las que hemos descrito en nuestro artículo; pero su simple sospecha ha de hacernos acudir a nuestro centro de salud sin demora.

Fuente: doctissimo.com

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