Diabesidad, un mal de doble filo

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El 12 de noviembre se celebra el Día mundial contra la obesidad y el 14 el Día mundial de la diabetes, por lo que sin dudas el penúltimo mes del año deviene más que propicio para tomar conciencia en torno al impacto de ambas enfermedades en el mundo, sobre todo si se tienen en cuenta las crecientes estadísticas de personas afectadas por una u otra condición, o más aun si hablamos de diabesidad.

diabesidadLa diabesidad es una enfermedad derivada de nuestros hábitos de vida actuales, tanto a partir de la elección de una mala alimentación como de la falta de ejercicio. Es la consecuencia de dos conceptos relacionados: por un lado, la obesidad, y por el otro la diabetes.

La diabetes mellitus -que afecta a unos 350 millones de personas en el planeta- es un síndrome de evolución crónica que comprende un grupo de trastornos metabólicos frecuentes cuyo factor común es la hiperglucemia crónica (niveles de glucosa en sangre mayores de lo normal).

De la diabetes, las formas más conocidas son los tipos 1 y 2. La primera de ellas se presenta más frecuentemente en niños y adolescentes. Por regla general, en la diabetes mellitus tipo 1 el paciente suele ser delgado o normopeso (de peso normal) y cuando la enfermedad se manifiesta existe una ausencia total o casi total en la liberación de insulina, hormona anabólica por excelencia que fabrica el páncreas y que posibilita que la glucosa entre en las células del organismo, donde se convierte en energía necesaria para la vida diaria. Ello ocurre pues la persona afectada presenta en ese momento una importante destrucción -de causa autoinmune- de las células beta, productoras de la insulina.

Mientras tanto, la diabetes mellitus tipo 2 aparece más frecuentemente en la adultez o senectud. En el caso de los adultos, el paciente usualmente posee sobrepeso y una combinación de resistencia periférica y déficit relativo de la acción de la insulina, que se presenta con la evolución de la diabetes.

Por su parte, la obesidad -exceso de tejido adiposo que se manifiesta por un peso inadecuado (igual o superior a 30 kg/m2 de Índice de Masa Corporal)- es considerada como uno de los problemas de salud pública más graves para la sociedad del siglo XXI y el trastorno metabólico más frecuente en la actualidad, toda vez que la cifra de personas con esa condición se ha más que duplicado en todo el mundo desde 1980.

En 2014, más de 1 900 millones de adultos (de 18 o más años) tenían sobrepeso, de los cuales más de 600 millones eran obesos, lo que equivale a decir que el 39% de las personas adultas de 18 o más años tenían sobrepeso y el 13% eran obesas.

Cuba no es la excepción. Según estadísticas oficiales, el exceso de peso en la población (sobrepeso + obesidad) ha mostrado una tendencia alcista desde 1982 al pasar del 35,5 al 44,3% en 2012, con el 15% (más de 1,6 millones) de los cubanos considerados como obesos.

Entonces, una vez conocidos los conceptos relacionados con el término diabesidad, ¿cómo pudiéramos definirla?

Algunos apuntes sobre diabesidad

Según refiere a Cuba Contemporánea el doctor José Hernández, especialista de primer y segundo grado en Endocrinología, el término diabesidad -introducido en la literatura médica a finales del siglo pasado- ha sido utilizado para señalar un nuevo enfoque en el que la obesidad a través de mecanismos fisiopatológicos, metabólicos e inflamatorios conduciría al desarrollo de una diabetes mellitus tipo 2, dependiente de aquella.

En ese sentido, algunos datos resultan reveladores, pues la variante tipo 2 representa el 90% (312 millones) de los casos de diabetes en el mundo. Esto se debe en gran medida a un peso corporal excesivo, como consecuencia de una alimentación inadecuada –por exceso- y la inactividad física. De hecho, entre el 85 y el 90% de los diabéticos tipo 2 presentan sobrepeso u obesidad, por lo que muchos de estos pacientes padecen o padecerán a lo largo de su vida de diabesidad.

La diabesidad se debe a que la obesidad aumenta la resistencia a la acción de la insulina genéticamente presente en estas personas, lo que –puntualiza el galeno- ocasiona que para poder vencer esta condición el páncreas tenga que producir una importante cantidad de insulina (hiperinsulinemia), que a largo plazo facilita que este se agote y aparezcan diferentes trastornos del metabolismo de los carbohidratos conocidos como disglucemias, que comprenden los estados prediabéticos y la propia diabetes mellitus.

No obstante, también suele escucharse el término “diabesidad tipo I”, que es la que se produce en el paciente con diabetes mellitus tipo I, como consecuencia del tratamiento con insulina asociado a una dieta inadecuada (abundante en calorías), explica el especialista.

Es decir, el sujeto es inicialmente una persona delgada o normopeso que por no cumplir con la dieta indicada y por usar cantidades de insulina por encima de sus necesidades reales –para poder comer más y mantener su control metabólico- desarrolla una obesidad.

Como se puede ver, el mecanismo de producción de este proceso es completamente diferente a la que pudiéramos llamar -con todo derecho- diabesidad tipo 2, que es la clásicamente descrita en la mayoría de los textos, expone el también Profesor Auxiliar e Investigador Agregado del Centro de Atención al Diabético del Instituto Nacional de Endocrinología.

Desde luego, tanto la diabetes como la obesidad implican un riesgo elevado de desarrollar una serie de complicaciones y co-morbilidades, incluyendo hipertensión, enfermedad cardiovascular y accidente cerebrovascular. A ello se suma que en casi todos los países de altos ingresos, la diabetes -cuando no es tratada adecuadamente- es además una de las principales causas de ceguera, enfermedad renal crónica y amputación de extremidades inferiores. De ese modo, el impacto de la diabesidad en la salud implica a largo plazo una reducción de la calidad y esperanza de vida en general.

En general, para tratar esta condición se perfilan acciones dirigidas a cambiar el estilo de vida no saludable de la persona.

Así por ejemplo, suele indicarse una dieta adecuada a las características del paciente (según edad, sexo, actividad física que realiza y peso corporal actual). Esta dieta debe ser baja en calorías, fraccionada a lo largo del día, baja en carbohidratos refinados (azúcar) y grasas saturadas, priorizando la ingesta de frutas y vegetales que aportan las vitaminas, minerales y fibras que requiere el organismo.

También resulta de gran importancia la realización de actividad física acorde con las condiciones y particularidades del paciente (edad, sexo, preferencias sobre tipos de ejercicios a efectuar y limitaciones físicas que pueda presentar). En este punto, se recomienda al menos 30 minutos de ejercicio diario, preferentemente aeróbicos, y en los casos en que no exista contraindicación hacer ejercicios de resistencia tres veces a la semana.

El doctor José Hernández señala que se debe evitar el consumo de medicamentos que faciliten el aumento de peso y/o la resistencia a la acción de la insulina, entre ellos los corticoides, algunos psicofármacos y antihistamínicos, entre otros.

Igualmente, entre los elementos básicos del tratamiento está la educación terapéutica, a través de la cual (mediante clases, conferencias, consultas e intercambios formales) se le muestran al paciente los orígenes de su enfermedad, cómo convivir con ella y las medidas que debe tomar ante cualquier eventualidad, así como prevenir las posibles complicaciones que pudieran surgir en el transcurso de su vida.

Además se suman otras acciones como el apoyo psicológico al paciente, que va a incidir no sólo en una mejor evolución sino también en que la terapéutica indicada se cumpla a largo plazo. Ello puede hacerse de forma individual y/o colectiva, empleando técnicas de modificación de la conducta.

En algunos casos –amplía el especialista-, puede ser necesario el uso de hipnoterapia o la participación en grupos de autoayuda, todo lo cual hace posible que el paciente mejore de la depresión, eleve la autoestima y evite las conductas de autoagresión a través de la alimentación.

Asimismo, otra forma para hacer frente a la diabesidad es el tratamiento farmacológico, que en la actualidad estriba en el uso de medicamentos que mejoren la sensibilidad a la insulina, disminuyan el apetito y garanticen pérdida de peso o al menos eviten que el paciente continúe aumentando como resultado del tratamiento.

También puede recurrirse a una vía como la cirugía bariátrica y/o metabólica. Esta –explica el doctor Hernández- debe ser indicada en aquellos que tienen un índice de masa corporal (IMC)de ≥ 40Kg/m2, tengan o no complicaciones de la obesidad y/o que presenten un IMC ≥ 35Kg/m2 con complicaciones de tipo cardiorespiratorias, metabólicas (como la diabetes mellitus tipo 2, entre otras) y físicas que interfieran con la calidad de vida (discapacidad importante que afecte de forma significativa la salud, como consecuencia del exceso de peso).

No obstante, el especialista reitera la necesidad de tener hábitos de vida saludables e insiste en el factor prevención: en realidad es ahí donde fundamentalmente se gana la batalla, pues esto evitaría las consecuencias de una futura diabesidad.

Fuente: cubacontemporanea.com

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