Así afecta el COVID-19 a los pulmones

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El COVID-19 es una infección respiratoria causada por un nuevo tipo de coronavirus, en concreto el SARS-CoV-2. Se desarrolla causando fiebre, tos, fatiga, diarrea, sensación de ahogo y en muchos casos también provoca neumonía.

Y como el virus es nuevo, se desconocen más aspectos de la enfermedad de los que sabemos a día de hoy. La realidad es que el COVID-19 se está manifestando de diversas formas entre los infectados y la sintomatología no siempre es clara ni evidente, porque hay enfermos asintomáticos.

Sin embargo, las personas asintomáticas tienen la capacidad de contagiar a más gente porque al fin y al cabo son portadoras del virus.

La pregunta es cómo afecta el COVID-19 a los pulmones
Como decimos, hay muchos aspectos que la comunidad científica desconoce y continúa investigando. Pero con los aspectos que a día de hoy sí se conocen debemos informar a los demás y tomar medidas de precaución. Conforme avancen las investigaciones tendremos más detalles al respecto.

Sabemos que el virus entra en el cuerpo a través de las de las mucosas de la piel como la boca, la nariz o los lacrimales, por eso mismo recomiendan no tocarse la cara con las manos.

El SARS-CoV2 entra en las células de los alveolos (los neumocitos) y utiliza el contenido que hay dentro de ellas para multiplicarse de forma masiva, hasta matar a la célula en la que se encuentra.

El virus infecta los pulmones causando problemas respiratorios
Con los datos disponibles hasta el momento, sabemos que cuando el virus entra en una célula, puede infectarla y liberar entre 10.000 y 100.000 partículas virales nuevas, se multiplica.

Pero lo peor es que el proceso se repite en cadena y unas células contagian a otras cercanas y así el virus acaba con estos neumocitos. Esto dificulta mucho el trabajo de los pulmones en cada inspiración.

Asimismo, los neumocitos tienen gran cantidad de una proteína llamada ACE2, que es por donde el virus se une para entrar a la célula, lo que facilita su entrada.

En el caso de personas con hipertensión arterial, el proceso es todavía peor porque estos pacientes cuentan con grandes cantidades de esta proteína en su organismo, por lo que es más fácil para el virus propagarse.

La infección se expande y puede causar neumonía
La destrucción de los alvéolos provoca una inflamación, que surge como respuesta de defensa del organismo. Con esta respuesta, nuestro sistema trata de defenderse del virus, pero de ahí surge la fiebre y la irritación como síntomas principales.

Cuando la infección se descontrola y se expande por los pulmones puede llegar a provocar neumonía en los casos más graves.

Lo que se conoce hasta ahora es que esta respuesta inflamatoria produce unas sustancias que pueden dañar al propio pulmón y si es muy elevada, genera una acumulación de líquidos que dificulta que el oxígeno llegue a la sangre.

Esto implica que cuanto más inflamados están los pulmones, mayor es el líquido acumulado y mayor insuficiencia respiratoria sufre el paciente. De ahí la importancia de los respiradores artificiales que para muchas personas son imprescindibles.

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