Cuando la piel refleja un trastorno hormonal

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El aspecto de la piel depende de su limpieza y cuidado pero también de factores hormonales que pueden derivar en trastornos severos. Prevención y tratamiento.

Los cuidados externos y hábitos sanos son muy importantes para el buen aspecto de la piel. Sin embargo, en muchas ocasiones un problema dérmico puede esconder un trastorno de índole hormonal, ya sea benigno y “normal” o bien producto de una enfermedad que debe ser detectada y tratada. La apariencia de la piel es un reflejo fiel del cuidado que le damos, pero también de la salud de nuestro organismo.

Hormonas hay muchas y casi todas inciden de una forma u otra en la salud de la piel, principalmente en su nivel de grasitud, sensibilidad, grosor y coloración, entre otras características.

Tres edades

Cuando se habla de alteraciones hormonales benignas o normales, se hace referencia a los cambios que la mujer experimenta en tres etapas de la vida: la pubertad, el embarazo y la menopausia.

En la adolescencia, el exceso de testosterona se asocia con la grasitud y aparición de acné, impurezas y puntos negros.

Durante el embarazo, la activación de estrógenos hace que la piel se vuelva más sensible y favorece la hiperpigmentación (manchas) en la cara, senos, axilas y línea media del abdomen. A su vez, los lunares y pecas pueden intensificarse.

Por último, durante la menopausia, la supresión de la menstruación y la caída del nivel de estrógenos producen resequedad y pérdida de firmeza y elasticidad.

Señales de alarma

En cambio, ciertos trastornos hormonales pueden presentarse tanto en mujeres como en hombres y ser producto de una enfermedad más severa que requerirá de un tratamiento adecuado. En este sentido, observar su impacto sobre la piel puede ser de ayuda para diagnosticar el cuadro:

Las alteraciones de las glándulas suprarrenales (situadas por encima de los riñones) que llevan a una mayor producción de las hormonas llamadas “cortisol” se manifiestan con un afinamiento de la piel, moretones fáciles, estrías rojo vinosas y aumento de vello.

La diabetes, enfermedad caracterizada por un incremento del nivel de azúcar en la sangre, impacta en la piel favoreciendo las infecciones y dificultado la cicatrización. Por la alteración de los nervios sensitivos se produce una pérdida de sensibilidad, en particular en los pies. En estos pacientes, la irrigación sanguínea se encuentra disminuida, por lo que es recomendable que se revisen los pies diariamente ya que una pequeña lesión puede complicarse rápidamente.

La tiroides (ubicada en el cuello y productora de hormonas que influyen en casi todas las células, tejidos y órganos) también habla por la piel y un 5% de la población mundial presenta algún tipo de trastorno. En el hipotiroidismo (menor producción de hormonas tiroideas) la piel se ve más seca, gruesa y áspera. En el hipertiroidismo (mayor secreción de hormonas), húmeda o directamente sudorosa.

Pequeños desequilibrios entre las hormonas masculinas y femeninas en la mujer (denominado “hirsutismo”) también pueden dar síntomas dérmicos. Estos signos muchas veces están asociados al alargamiento o acortamiento del ciclo menstrual y la piel puede volverse grasa o con acné. Por su parte, el vello se estimula en las áreas hormonodependientes como barbilla, cara, alrededor del pezón, línea media abdominal y escape a muslos.

Consejos

Ante la detección de un cambio severo en la dermis, se recomienda la consulta con un equipo integral para poder dar una solución y optimizar los tratamientos con nuevas tecnologías que hoy en día alivian en gran medida estos síntomas indeseables.

Una vez que el endocrinólogo controla el problema hormonal, el dermatólogo podrá indicar tratamientos cosméticos adicionales para mejorar el estado del cutis y enseñar al paciente distintas estrategias para cuidarlo, mejorar su apariencia y prevenir futuras afecciones.

Algunas recomendaciones generales complementarias para ayudar a mejorar el aspecto del cutis son: limpiar diariamente el rostro para remover los excesos de grasa y residuos acumulados durante el día, utilizar bloqueador solar –en especial en cara, cuello, manos y brazos-, mantener un buen nivel de hidratación a través de cremas o lociones livianas y el consumo diario de agua, evitar el tabaco y el alcohol, no automedicarse ni utilizar remedios caseros y cremas que no hayan sido indicadas por un médico idóneo.

Fuente: clarin.com

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